Como pude hablar de lo que "no se puede"
- Daniel Alberto Nuñez
- 10 may 2020
- 10 min de lectura

Todos tienen su historia, la mía es de otra persona. Aunque soy protagonista, hay otra más. Un perpetrador, alguien que me hizo algo y que hizo mucho mal.
Solo puedo revelar mi nombre, porque de revelar el otro, puedo destruir vidas, vidas que amo y no quiero lastimar.
De pensarlo me desarmo, me odio, me aborrezco. Son memorias turbias que prefiero ni recordar. Estoy de paso en esta vida, y cuanto mas puedo, mas ignoro.
No tengo la intención de señalar con el dedo, no por lo que señale, sino por quienes van a mirar y lo que van a ver.
Busco y encuentro motivos, creeme que los encuentro. Hasta ayudo a personas como yo. No creo poder hacer nada con mi historia, pero desearía que no haya otras. No creas que es buena que contar...
Quiero gritar y desintegrarme, porque soy el medio que lo pudrió todo. Soy quien provocó sin provocar, quien alimentó sin alimentar, quien confundió sin comunicar, quien ensució sin siquiera actuar.
Alguna vez lo intenté contar, dí, doy señales todo el tiempo. Hasta llego a odiarme en voz alta cuando me miro en el espejo, porque "gracias a mi" eso sucedió.
La vez que me animé, lo primero que ví fueron caras confusas y un silencio incómodo. Como quien mira a alguien que no sabe lo que dice. Lloré, pero fue como si hubiera perdido una mascota o algo con sentido solo para mí y para nadie mas. Abrazos vacíos. De esos que tienen gusto a rechazo, a vergüenza ajena.
Intenté seguir mi vida, pero esto parecía ser imposible. De a ratos me atrapa el pensamiento, el cuerpo, me tiñe las ganas de estar bien. Me ensucia.
Lo que mas me duele son los afectos. Si las personas mas íntimas no me creyeron, ¿Por qué me tienen que creer otros? A veces pienso que me escuchan con lástima y hasta con una mirada que juzga. Detesto esa sensación.
Con todo lo dicho anteriormente, te confieso que viví por muchos años así. Y lo que te voy a compartír ahora, fué mi manera de sanar, la manera en que me ayudaron a sanar esto.
Fué en verano, mes de Enero. Me había contado de una persona, alguien que había ayudado a personas en mi situación. Y lo primero que me preguntó fue:
- "Sabiendo las consecuencias de hoy: ¿Habrías hecho algo distinto en ese entonces?"
Le respondí que sin dudas hubiera intentado otra cosa, o hubiera prestado atención a algunas señales, porque, luego que pasa te das cuenta de que hubo cosas que no parecían estar a la vista. Y cuando las ves, suele ser tarde.
Y esta persona agregó:
- "Quien intenta cambiar el pasado, se merece todo el perdón del mundo. Hay un genuino acto de bondad cuando alguien quiere volver el tiempo atrás. Tantas personas se entregan a los brazos de la venganza y Vos, a diferencia de todo el mundo, estás intentando evitar lo que sucedió. Te reconozco y admiro por el corazón puro que tenés intacto, a pesar de tanto dolor!".
Y lloré. Lloré mucho. Por varios minutos.
Luego de darme un tiempo prudente para que me quitara las lágrimas del alma, esta persona continuó mientras me señalaba desde lejos mi corazón: "Eso que está ahí, lo podemos sacar. Ya lo estamos sacando. Y si te animás, vamos a sacarlo tan afuera que te van a pedir perdón por no haberte ayudado antes".
Respiré hondo, no sin dudar, porque lo que decía sonaba a promesa, como quien sabe de lo que está hablando. Yo, por dentro, tenía mas miedo del que había sentido hasta ahora, pero algo en esta persona me decía que todo iba a estar bien...
- "Lo primero que hay que hacer ya está hecho. Sanar, significa "entero". Por mirar lo que está dentro, ya comienza la sanación. Vamos a ir un poco mas allá para que puedas sacarte este peso terrible." - me dijo - "Lo siguiente es desarmar los miedos..."
- "¿Desarmar los miedos?" - pensé, y pensé por dentro - "Esta persona no tiene idea de lo que dice, no estuvo jamas en mi lugar."
- "Puedo notar que lo que te dije te suena a vacío, y es comprensible tu actitud" - agregó - "Tu experiencia es demasiado única y dolorosa a la vez. Hagamos lo siguiente: Pensá en lo peor que puede pasar si esto que te pasó sale a la luz. Avisame cuando lo hagas presente".
Medite por unos instantes y asentí con la mirada.
- "Ahora escuchá lo siguiente: El miedo es tenerle fé a lo que no queremos que pase".
- "¿Como?" - pregunté sorprendida.
- "Lo que escuchaste: El miedo es tenerle fé a lo que no queremos que pase. Un ejemplo: Tengo miedo de que alguien sufra, por lo tanto estoy convencido de que va a sufrir, al punto tal que puedo asegurar que las cosas van a pasar como yo pienso, y no existen otras posibilidades. ¿Se entiende? ¿Podes ver la absoluta fé en tus pensamientos sin la posibilidad de que suceda de otro modo?"
- "Ss... si, pero no quería decir eso" - dije dudando.
- "No digo que dijiste esto. Dejame cuidarte y contarte a qué me refiero: Cuando tenemos algo en mente que nos pesa mucho y pensamos incontable cantidad de veces, solemos olvidarnos de las otras posibilidades. Ahora te pregunto ¿Podes contarme una cosa que hayas pensado tanto tanto tanto, que haya sucedido en tu vida tal cual la pensaste?"
- "..." - no pude decir nada
- "¿Ves? En el exceso de pensamiento, solo vemos nuestro propio punto de vista y nos olvidamos que hay toda una vida, variables, posibilidades, consecuencias y personas que nos quieren allá afuera".
- "Pero lo mío es distinto" - insistí.
- "¿Y qué crees que lo hace distinto si, de todo lo que hablamos, vas haciendo una reflexion nueva? Puede ser que ese miedo nos siga pesando, aunque dudo que pese más que al principio de esta conversación".
- "Necesito pensarlo un poco mas" - respondí.
- "Pensalo todo lo que quieras, pero fijate que poniendo en evidencia todo lo que hay dentro tuyo, todo junto, y ordenándolo de otra manera, surge esta necesidad de pensar un poco mas lo que ya venías pensando por tanto tiempo. ¡Es una muy linda señal!".
- "Ok ¿Y cual sería el próximo paso? ¿Ir a mi vida a prender fuego todo?" - escupí estas palabras con mucho enojo.
- "Jamás. ¿Como creés que se va a apagar el fuego de una fogata si agregás mas leña?"
- "¿Entonces?" - Pregunté con algo de confusión.
- "Para contarselo a nuestros familiares y no recibir cuestionamientos ni rechazos es necesario lograr mostrar la delicadeza del asunto, osea generar un contexto."
- "Yo cada vez que puedo lo doy a entender" - dije con dolor.
- "Te puedo dar a entender con este gesto" - se encogió de hombros - "y, mientras, decirte que me interesa mucho lo que me contás. ¿Cuál creés que va a ser el mensaje que te llegue? ¿Lo que decimos con las palabras o lo que damos a entender con el gesto?"
- "Yo vivo haciendo gestos para que me miren" - repliqué.
- "El mensaje, para que cumpla su función, tiene que haber llegado al destinatario y haber cumplido con lo que intentamos comunicar. Si decimos algo y no nos ocupamos de que los otros nos entiendan de la manera en que queremos que lo hagan, estamos dejando a las personas que entiendan lo que quieran y no lo que les queremos decir."
Mientras me decía esto, miles de cosas pasaban por mi cabeza y mi cuerpo. ¿Cuantas cosas dije pero no me ocupé de que me entiendan? Sentí un poco de vergüenza, no lo voy a negar. En parte, sin saberlo, yo estaba boicoteando esas situaciones.
- "¿Entonces estás ocupandote de que los demas comprendan lo que les decís? Y en el caso en que te sale mal ¿No creés que hay algo que falta hacer para lograr lo que queres lograr?" - agregó.
Había un silencio distinto en mí. No de vacío, sino de una reflexión profunda. Incómoda, bastante incomoda, pero en cierta forma liviana de ver.
- "Pasaste por muchas cosas desde ese día. Hoy estás diferente, estás mas grande, mas consciente de lo que representó ese hecho, de lo que viviste, y de lo que descubriste con el pasar del tiempo. ¿Me equivoco?"
- "No te equivocas" dije.
- "Te recomiendo que a partir de ahora, tengas presente esto en cada momento en que los recuerdos te afecten: Hoy Soy una persona distinta, aprendí de todo lo malo que atravesé, y comprendo que, de todo eso que pasó ayer, hoy no voy permitir que suceda lo mismo. Y eso a mí me dá seguridad y tranquilidad de que me voy a adelantar a los hechos."
Se me agrandó el pecho. Le había encontrado una forma que no habia visto antes. Y, a pesar de no saber como contarlo y encararlo con otros, esto me daba un poco de tranquilidad por dentro.
- "Ahora vamos a ocuparnos del contexto que hay que generar para que entiendan lo que estás diciendo y a la vez comprender un poco lo que esto representa" - me lo dijo muy serio. Noté que antes de decir esto, había sido mas complaciente con su forma de hablar. - "Lo primero que hay que tener presente es comprender. No justificar, sino comprender que quien estuvo a tu lado y en cierto modo permitió que esto suceda, difícilmente lo hable con naturalidad, honestidad y entereza."
- "¿Entonces?" - dije Yo.
- "Las personas implicadas, aquellos que no te creyeron en un principio y tienen un estrecho vínculo con vos, cuando lo cuentes, se van a sentir "complices". ¿Por que? Porque ellos van a ver que no te cuidaron bien en aquel momento. Y darnos cuenta de esto a veces es muy difícil. De alguna manera es como estas vos ahora, sentís que les fallaste a todos. ¿No?"
Estaba perplejo de lo que oía y no me dí cuenta de la pregunta...
"Por esto mismo " - continuó - "es que van a intentar encontrar nuevas maneras de ver lo que les contás. Recordá lo siguiente: que se quiera comprender, no significa que se esté de acuerdo o se justifique una situación."
- "¿Pero como voy a poder soportar ver que ellos defienden a la otra persona?" - pregunté con angustia.
- "No tenés que soportar nada. Cualquier conversación importante, hasta la más tonta, siempre genera incomodidad. Y claro está que este tema te incomoda. Es necesario, para poder lograr algo, comprender que la incomodidad va a estar, hablando o callando. Tenes ganas de seguir en la incomodidad a través del silencio?"
- "Preferiría por ahora"
- "¿Hasta cuando tenes pensado soportar esto entonces?"
- "Nunca me lo había preguntado así. Si es por mí, elegiría no soportarlo ni un día más." - reflexioné sorprendida.
- "Entonces: ¿Preferís la incomodidad en una conversación de un día, o la incomodidad del silencio por el resto de tu vida?"
- "Ahora que me lo preguntás así, creo que podría hacer un intento." - agregué con un poco de esperanzas.
- "Me alegra mucho oírte decir estas palabras, significan mucho para vos y para el futuro que estás cambiando, porque, vas a ver que esto tiene desencadenantes hermosos! ¡Te lo prometo! Y si algo sucede, contás conmigo, para lo que necesites."
Sonreí de una manera extraña, como si sintiera la sonrisa, no por "parecer" contento. Algo me decía que ya estaba pensando de una manera diferente.
- "Retomemos" - volvió a tener seriedad en sus palabras - "Cuando lo cuentes, estas personas van intentar evitar sentirse frustradas por no haberte escuchado o haberte comprendido antes. Es necesario que te adelantes a esto."
- "¿Se puede?" - pregunté con sobresalto - ¿¡Cómo lo hago!?
- "Aclará que esto que necesitas hablar requiere de cierta intimidad. Tengan la conversación en algún lugar que te sea familiar para Vos. Hablar esto en un lugar como una cafetería probablemente sería imposible. Por esto buscá que sea un lugar con intimidad, sin interrupciones y donde sientas seguridad y contención."
Asentí con una mirada de asombro.
- "Antes de empezar a contar lo que sucedió, adelantate a lo que puedan sentir las personas: ponelas en contexto de cuando pasó, como era que esas personas estaban ocupadas que preferiste no hablar. Contale los miedos que te persiguieron, tus inseguridades sobre las consecuencias, y aclará que esto que sucedió no tiene nada que ver con que ellas hayan fallado en cuidarte"
- "Suena super sensato esto que contás" - aporté - "hasta no me suena tan difícil de hacerlo de esta manera."
- "Tené presente que para hablar de lo que sucedió es necesario que relates lo que te pasa por dentro. ¿Alguna vez alguien cercano te contó algo tan importante que no te lo dijo de entrada, sino que te fué contandolo de a poco y mientras tanto la ansiedad se apoderaba de vos al punto tal que ni se te ocurría interrumpirle?"
- "Si"
- "Bien. Entonces, si te tiemblan las manos, contá que te tiemblan las manos. Si tenés miedo, contá que tenés miedo. Si te angustia la idea de que lo que vas a decir va a generar un problema, contá que te angustia la idea de que contarlo generará problemas. Vas a estar generando un contexto mucho muy distinto que cualquier otro. Y la persona empieza a darle otro tipo de interés a lo que le contás".
- "Ok" - dije.
- "Es necesario que vayas contando todas tus incomodidades. Transmitilas. Son una señal para la otra persona de que esto es extremadamente importante."
Por dentro se me venían un montón de situaciones que, de haber sabido esto, habría logrado otras cosas...
- "A esta altura, vas a tener toda la atención de la persona que tengas adelante tuyo. Por favor cuidala y pedile que te cuide. Si cuestiona el momento que elegiste para contarlo, decile que no pudiste hasta ahora, que recien te animás, que encontraste el coraje, la fuerza y, esto pediselo explícitamente, que te ayude ahora que te animaste a hablar".
- "Comprendido" dije casi sin aliento. La idea me parecía extrema, pero a la vez me resultaba sencilla de realizar.
- "¿Cómo te sentís con esto que charlamos?" - me preguntó luego de un largo silencio.
- "Creo que tengo varias dudas, miedos e incomodidades mas claras. Quizás no tenga la charla ahora, aunque me siento con una nueva liviandad."
- "Bien. Por unos días permitite estar en tranquilidad y repasar esto que charlamos cuando lo sientas. Van a ir surgiendo nuevos pensamientos y nuevas ganas de hacer las cosas, incluso cosas que no tienen que ver con este tema, pero sí tienen que ver con Vos y la persona que estás eligiendo Ser. Gracias por confiarme esto y gracias por animarte a verte de una manera distinta."
Me alejé del lugar como quien no sabe bien a donde se dirige. En otro momento me hubiera parecido triste esta sensación, pero, al menos para mí, luego de esta charla, me resultaba positiva. Tenía una confianza renovada, ganas de caminar un rato en soledad y repensar algunas cosas para "ordenarme por dentro".
Es increíble como, con mirar de cerca, con ojos de "hoy" lo que pasó ayer, te da una perspectiva diferente de lo que repetimos en la cabeza a solas, sin que nadie nos "ayude a ayudarnos".
Días después conversé esto con personas importantes para mí. Y todas parecían darme las gracias por la manera en que las traté, como me abrí a ellas, como les enseñé a cuidarme y como ellas se sintieron sorprendidas en un principio, pero al instante vieron la posibilidad, que yo generé, de poder ayudarme.
Esto no es un texto ni un experimento. Esto es algo que me pasó a mí, a Daniel Alberto Nuñez, y que me animé a compartirlo después de muchos años de soportar por dentro una situación de abuso. Y me corrí de esa idea de que "de esto no se puede hablar".
Espero que estas palabras le ayuden a alguien de tu cercanía, o incluso a vos mismo, a vos misma. Si querés hablar de esto, por favor hacémelo saber. Esto parece una lucha de pocos, pero es una guerra de muchos.
Gracias por tu tiempo. Gracias por reflexionar junto a mi.




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